viernes, 29 de mayo de 2009

No confundir Herbal Essences con gelatina de frutas Royal

No tengo nada que contar. No me ha pasado nada increíble últimamente, ese tipo de cosas que merecen ser relatadas en un blog. Había pensado en clonar alguna poesía de Neruda ("Puedo escribir los versos más tristes esta noche, se me acabó la gasolina y se me pinchó la ruedal coche"), pero luego deseché la idea por otra con más gancho: colgar "El beso", esa fotografía en la que aparece una pareja dándose el lote. No obstante, no me maravilló el hecho de que ayer ShaNenAxxUlAaaaa69 la hubiera subido a su fotolog (a ver si va a pensar que la plagio...). Así que decidí revestirme de originalidad y me dispuse a comentar eso que está pasando en Corea del Norte; lo peor del caso es que mi gran análisis socio-político quedó reducido a una oración coordinada disyuntiva ("Moriremos o mutaremos."). No, está claro que no sirvo como escribiente de blog. No tengo nada que contar... mas sí algo que canturrear.

Yo no maldigo mi suerte porque bloguero nací
y aunque me ronde la SGAE no temo yo a delinquir.
No me da envidia tu web porque de orgullo me llena
ser el mejor bloguero de toda la blogosfera,
de toda la blogosfera.

Siempre mi madre me dijo que era un gran escritor.
Me parezco a Antonio Gala, sólo me falta el bastón.
Y cuando siento una pena
escribo pa' desahogar...

Soy bloguero y templé mi corazón con el corta y pega.
Soy bloguero y con Twitter, Tuenti y Plurk me quito las penas.
Soy bloguero porque a mí todo me espanta
y sólo quiero ser famoso como la Fanta.

Compañero, habla de tus patochadas mientras dormito.
Y es que yo a ti no leo, pero que me comentes quiero porque yo...
Yo soy bloguero.

sábado, 23 de mayo de 2009

sábado, 16 de mayo de 2009

Flirteo superlativo (flirteo que te cagas)

Querido Alfalfa:

Te escribo para recordarte la importancia de saber usar con pericia el grado superlativo a la hora de conquistar a una dama de mi categoría. Existe una diferencia abismal entre las frases "Para mí eres guapa" y "Para mí eres la más guapa". Si me dices la primera, no compartiré contigo mis sugus. ¿Acaso te gustaría que yo te dijese: "Para mí no tienes el pito pequeño"? ¿A que no? En cambio... si me dices la segunda, chuparemos algo más que sugus. Sí, créetelo. Ayer robé unos bombones de licor a mi madre.

Siempre tuya,

Darla

viernes, 8 de mayo de 2009

Lucha de clases

"They fight and bite. They fight and bite and fight. Fight-fight-fight, bite-bite-bite." (K. Marx)

domingo, 3 de mayo de 2009

El día que descubrí que lo más caro no es necesariamente lo mejor

En los tiempos en los que mis únicas preocupaciones consistían en resolver dos preguntas clave (“¿Y ahora a qué jugamos?” y “¿Cómo me las ingenio para escupir sin que me vean la enorme bola de pescado y espinacas que llevo rumiando 15 minutos?"), solía pasar los veranos con mi abuelo (el de verdad, el que usa pajarita y zapatos Martinelli). Cada tarde, sin falta, nos acercábamos al quiosco y me invitaba a paladear un sabroso helado. Allí me advertía: “Topanga, no te guíes por los precios a la hora de elegir tu helado. Yo no cambio el lomo por el cordero por muy caro que sea el segundo. Lo más caro no es necesariamente lo mejor." Bla, bla, bla… Siempre pensé que el viejo era un auténtico tacaño, pero, como buena niña obediente, optaba por comprar uno de los de menor precio. Así transcurría mi verano, lamiendo alegremente la crema de chocolate, vainilla y avellana, aunque con la mente volcada por completo en los inalcanzables helados destinados a gente con pasta, es decir, a aquellas niñas que tanto envidiaba, aquellas que tenían un Ken y no debían recurrir a la relación lésbica entre una Barbie y una Barriguitas cuando necesitaban incluir un poco de romance en sus juegos.

La ansiada oportunidad para expandir mi abanico de sabores llegó en forma de invitación del primo del hermano de no sé qué sobrino de mi abuela. “Compra el helado que prefieras", dijo, y al instante una sonrisa maliciosa se dibujó en mis labios (te voy a crujir, primo del hermano de no sé qué sobrino de mi abuela). Sin demora repasé la lista de precios buscando el helado más caro… “Hummm... trufa. Suena rico… Y es muy caro. ¡Uno de trufa, por favor!" Cuando por fin tuve el cucurucho entre mis manos experimenté lo que probablemente sintió Sara Bernat al contemplar la ensalada de pepinos que le tenían reservada Nacho Vidal y Rocco Siffredi. Sin embargo, con el primer lengüetazo (¡puagh!) supe que la trufa no era lo mío. Su gusto dulzón y empalagoso me llevó a lanzar el helado a una papelera en un momento de despiste del señor dadivoso, quien, todavía hoy, ríe al contar la anécdota del día en que zampé un helado de trufa a velocidad de vértigo.

Curas con conexión Wi-Fi

Esta mañana acudí, como de costumbre, a una de mis citas dominicales con Dios. Me arrodillé sobre el suelo sagrado del tercer banco de la iglesia y santigüé sucesivamente frente, labios y pecho, y luego todo a un tiempo. Después de dos Ave María y un Padre Nuestro, el fulgor sangrante de las velas sobre mis párpados se vio entristecido por una sombra. Cuando abrí los ojos me topé con la figura angulosa del cura, que, sin mediar saludo ni darme opción a que arqueara la nuca, articuló: "No te incorpores. Tu posición actual es perfecta para esta misión cristiana. Sé buena chica y háblale a la antena que tienes enfrente. Aunque no puedas verla, está justo delante de tus ojos. La oculto en el interior de la sotana ya que, al ser una reliquia de valor incalculable, cualquier monaguillo pícaro estaría dispuesto a perder el culo por ella. Considérala una especie de router de alta tecnología que mantiene línea directa con Nuestro Señor. Si me haces caso tus plegarias viajarán con ADSL. Te lo juro por Dios." Y razón no le debe de faltar al buen hombre. Cuando aproximé mis labios a su cuerpo en un intento por maximizar la potencia acústica del rezo, ese aparato que guarda entre las piernas se orientó hacia el cielo.

viernes, 1 de mayo de 2009

Monsieur Gastón... ¡y qué mentón!

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¿Qué mujer en su sano juicio no ha deseado alguna vez que un chico malote la agarre fuertemente por la cintura mientras susurra la frase mágica: "Vas a ser mía, hembra, aquí y ahora."?